📅
DÓLAR BLUE Compra: — Venta: —

ALERTA POR EL USO EXCESIVO DE PANTALLAS: LAS 10 SEÑALES QUE PUEDEN AFECTAR LA SALUD MENTAL DE NIÑOS Y ADOLESCENTES

Facebook
WhatsApp
LinkedIn
X
Telegram
Threads

Una investigación científica que reunió datos de 9 millones de jóvenes advierte sobre la relación entre el uso problemático de celulares, redes sociales y videojuegos y el deterioro del bienestar emocional. Especialistas señalan que el problema no es solamente cuánto tiempo se permanece conectado, sino cómo afecta el descanso, los vínculos y las actividades cotidianas.

En una sociedad donde los teléfonos celulares, las redes sociales y los videojuegos forman parte de la vida cotidiana, crece la preocupación por las consecuencias que puede generar el uso problemático de las pantallas, especialmente entre niños y adolescentes.

En el marco del Día Mundial de la Salud Mental, conmemorado este sábado 10 de octubre, una revisión científica publicada en eClinicalMedicine, revista del grupo The Lancet, volvió a poner el foco sobre esta problemática.

El estudio analizó 121 investigaciones que reunieron información de aproximadamente 9 millones de personas menores de 25 años, y encontró una asociación entre el uso problemático de medios digitales, mayores dificultades de salud mental, trastornos del sueño y menor actividad física.

Sin embargo, los investigadores advierten que esto no significa que utilizar tecnología sea perjudicial por sí mismo ni que las pantallas sean necesariamente la causa directa de los problemas emocionales.

La preocupación aparece cuando el consumo digital comienza a desplazar actividades fundamentales para el desarrollo y el bienestar.

EL PROBLEMA NO ES SOLO LA CANTIDAD DE HORAS

Uno de los principales conceptos que destacan los especialistas es que pasar muchas horas frente a una pantalla no constituye, por sí solo, una señal suficiente para identificar un problema.

Lo determinante es la relación que cada persona establece con la tecnología y las consecuencias que ese vínculo produce en su vida cotidiana.

El psicólogo e investigador Pablo Christian González Caino, de la Universidad Austral, explica que las señales de riesgo aparecen cuando existen dificultades para controlar el tiempo de conexión, intentos fallidos de reducirlo o malestar cuando no se puede acceder al dispositivo.

En la misma línea, especialistas de INECO y del Hospital Italiano de Buenos Aires destacan la importancia del concepto de bienestar digital, entendido como la capacidad de utilizar la tecnología como una herramienta sin que termine condicionando el resto de la vida.

La señal de alarma aparece cuando el celular, los videojuegos o las redes sociales comienzan a ocupar el lugar del descanso, el estudio, el deporte, los encuentros familiares y las relaciones personales.

LAS 10 SEÑALES DE ALERTA QUE LAS FAMILIAS DEBEN CONOCER

Los especialistas identificaron diez comportamientos que pueden indicar que el uso de pantallas está afectando el bienestar emocional y que, cuando son persistentes, justifican una evaluación profesional.

  1. Ocultar o mentir sobre el tiempo de conexión. Minimizar la cantidad de horas frente al celular o utilizarlo a escondidas puede reflejar dificultades para reconocer y controlar el consumo.
  2. Pensar constantemente en el celular o los videojuegos. La preocupación permanente por conectarse, revisar notificaciones o continuar jugando puede desplazar otros intereses.
  3. Irritarse cuando no se puede acceder a las pantallas. Reacciones intensas de enojo, ansiedad o malestar ante la desconexión pueden indicar una relación problemática con la tecnología.
  4. Sacrificar horas de sueño para seguir conectado. Acostarse cada vez más tarde por utilizar el teléfono, mirar videos o jugar puede perjudicar el descanso y el estado de ánimo.
  5. Descuidar las responsabilidades escolares. La disminución del rendimiento académico, la falta de concentración o el abandono de tareas pueden ser señales de alerta.
  6. Alejarse de amigos y relaciones presenciales. Preferir sistemáticamente la conexión digital antes que los encuentros personales puede afectar el desarrollo de vínculos sociales.
  7. Reducir o abandonar la actividad física. El reemplazo del deporte, los juegos al aire libre y el movimiento por actividades sedentarias frente a pantallas constituye otro indicador.
  8. Perder interés por actividades que antes disfrutaba. Dejar de dibujar, leer, practicar deportes, compartir juegos o participar de actividades recreativas para permanecer conectado.
  9. Intentar reducir el uso sin conseguirlo. La imposibilidad reiterada de cumplir límites personales o familiares puede expresar una pérdida de control sobre la conducta.
  10. Continuar conectado pese a reconocer consecuencias negativas. Mantener el consumo digital aunque provoque problemas de sueño, conflictos familiares, dificultades escolares o malestar emocional.

La presencia aislada de alguna de estas conductas no significa necesariamente que exista una dependencia. Lo importante es observar su frecuencia, persistencia y repercusión en la vida cotidiana.

EL SUEÑO Y LAS EMOCIONES: UN CÍRCULO QUE PUEDE VOLVERSE NEGATIVO

Uno de los aspectos más preocupantes es la relación entre el uso problemático de pantallas y las dificultades para dormir.

Permanecer conectado hasta altas horas de la noche puede reducir las horas de descanso y afectar la capacidad para regular las emociones durante el día siguiente.

Dormir mal puede favorecer la irritabilidad, las dificultades de concentración y una mayor vulnerabilidad frente al estrés.

Al mismo tiempo, una persona que atraviesa situaciones de ansiedad, tristeza o angustia puede recurrir al celular como una forma inmediata de distracción.

De esta manera, puede generarse un círculo en el que el malestar emocional favorece un mayor consumo digital y ese consumo, cuando afecta el descanso y las actividades cotidianas, termina profundizando las dificultades.

Los investigadores aclaran que la relación no implica necesariamente una causalidad directa, ya que ambos fenómenos pueden influirse mutuamente.

¿POR QUÉ LOS NIÑOS Y ADOLESCENTES SON MÁS VULNERABLES?

La infancia y la adolescencia constituyen etapas especialmente importantes para el desarrollo de la regulación emocional, la autonomía y el control de los impulsos.

Durante estos períodos, la búsqueda de aceptación social y la sensibilidad a las recompensas inmediatas pueden aumentar el atractivo de las plataformas digitales.

Muchas aplicaciones y videojuegos incorporan mecanismos diseñados para prolongar la permanencia de los usuarios, como notificaciones constantes, reproducción automática de contenidos y recompensas variables.

Esto puede dificultar la desconexión, especialmente cuando todavía se están desarrollando las habilidades necesarias para establecer límites.

Por ese motivo, los especialistas consideran fundamental el acompañamiento de las familias y la construcción progresiva de hábitos digitales saludables.

EL DESAFÍO DE LAS FAMILIAS: ACOMPAÑAR ANTES QUE PROHIBIR

Frente a esta problemática, el objetivo no debería ser demonizar la tecnología, que también ofrece oportunidades educativas, recreativas y de comunicación.

El desafío consiste en encontrar un equilibrio que permita aprovechar sus beneficios sin perjudicar otras dimensiones esenciales del desarrollo.

Establecer horarios razonables, proteger las horas de sueño, promover actividades deportivas y recreativas, compartir momentos familiares sin dispositivos y conversar sobre los contenidos digitales son medidas que pueden contribuir a una relación más saludable con las pantallas.

También resulta importante que los adultos revisen sus propios hábitos, ya que el ejemplo cotidiano influye en la manera en que niños y adolescentes aprenden a relacionarse con la tecnología.

Cuando aparecen cambios persistentes en el comportamiento, aislamiento, dificultades escolares, alteraciones del sueño o malestar emocional, es recomendable consultar con profesionales de la salud.

UNA PREOCUPACIÓN QUE VA MÁS ALLÁ DEL DÍA MUNDIAL DE LA SALUD MENTAL

La conmemoración del 10 de octubre dejó una oportunidad para reflexionar sobre uno de los desafíos actuales de la crianza y el bienestar emocional.

Las pantallas forman parte de nuestra realidad y continuarán ocupando un lugar importante en la educación, el trabajo y las relaciones sociales.

La cuestión central no es eliminar su presencia, sino evitar que terminen reemplazando experiencias fundamentales para el desarrollo humano.

El mensaje para las familias es claro: no alcanza con contar las horas frente al celular. Hay que observar qué actividades se están dejando de lado, cómo se siente cada niño o adolescente y qué lugar ocupa la tecnología en su vida.

Porque una relación saludable con las pantallas no se mide únicamente por el tiempo de conexión, sino también por la capacidad de desconectarse, descansar, compartir con otros y disfrutar de la vida fuera del mundo digital.

Fuente: revisión científica publicada en eClinicalMedicine (The Lancet), basada en 121 estudios y aproximadamente 9 millones de participantes menores de 25 años. Aportes de especialistas de la Universidad Austral, INECO y el Hospital Italiano de Buenos Aires.

Scroll al inicio