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MIGRAÑA: CUANDO EL DOLOR DE CABEZA SE CONVIERTE EN UNA ENFERMEDAD QUE PUEDE DURAR DÍAS

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Un dolor pulsátil que impide continuar con las actividades habituales, intolerancia a la luz y los sonidos, náuseas, agotamiento y dificultades para concentrarse. La migraña es mucho más que un simple dolor de cabeza: se trata de un trastorno neurológico que afecta a cerca de mil millones de personas en todo el mundo y puede tener un fuerte impacto sobre la calidad de vida.

En el marco del Día Internacional de Acción contra la Migraña, conmemorado el 12 de septiembre, especialistas vuelven a poner el foco sobre una enfermedad frecuente que ocupa el segundo lugar entre las causas de discapacidad a nivel mundial y afecta especialmente a las mujeres. Se estima que alcanza al 18% de las mujeres y al 6% de los hombres.

Una crisis puede comenzar mucho antes del dolor

Aunque la cefalea es su manifestación más conocida, una crisis completa de migraña puede atravesar diferentes etapas y extenderse durante varios días.

Antes del dolor pueden aparecer cansancio, cambios en el ánimo, sed o dificultades para concentrarse. Aproximadamente una de cada cuatro personas experimenta además el denominado aura, que puede manifestarse, por ejemplo, mediante destellos o puntos luminosos en la visión.

Luego puede presentarse el característico dolor pulsátil, en uno o ambos lados de la cabeza, acompañado en algunos casos por náuseas, vómitos y una marcada sensibilidad a la luz y al sonido. Sin un tratamiento adecuado, esta fase puede prolongarse entre cuatro horas y tres días. Incluso después de desaparecer el dolor pueden persistir durante 24 a 48 horas el cansancio, la somnolencia o las dificultades para concentrarse.

Hábitos que pueden ayudar

No existe una única causa de la migraña. En su aparición interactúan factores genéticos, hormonales, ambientales, el estrés y las alteraciones del sueño, entre otros.

Mantener una adecuada hidratación y alimentación, respetar horarios regulares de comidas y descanso, realizar actividad física y trabajar sobre el manejo del estrés son algunas de las medidas que pueden contribuir al control de la enfermedad.

También resulta útil llevar un registro de las crisis, anotando cuándo aparecen, cuánto duran, sus características, posibles desencadenantes y qué medidas proporcionaron alivio. Esa información puede ser de utilidad para el diagnóstico y seguimiento médico.

Atención con el abuso de analgésicos

El tratamiento depende de la frecuencia e intensidad de los episodios y debe adaptarse a cada paciente. Durante una crisis pueden utilizarse analgésicos como el ibuprofeno cuando resulten apropiados, mientras que ante ataques frecuentes o incapacitantes existen tratamientos preventivos que requieren indicación profesional.

Un punto especialmente importante es evitar el consumo excesivo de analgésicos, ya que el sobreuso de medicación puede terminar generando nuevas cefaleas y perpetuar el problema.

¿Cuándo hay que consultar?

Ante un primer episodio compatible con migraña es recomendable realizar una consulta para obtener un diagnóstico adecuado. Y quienes ya tienen diagnóstico deberían buscar atención médica si el dolor cambia bruscamente respecto de lo habitual, comienza repentinamente con máxima intensidad, aumenta progresivamente o aparece acompañado de fiebre, confusión, dificultad para hablar, debilidad o pérdida de sensibilidad.

También requieren evaluación los dolores que aparecen luego de un traumatismo, durante el embarazo o puerperio, o que se desencadenan al realizar esfuerzo, toser o hacer ejercicio.

La migraña no es simplemente “un dolor de cabeza fuerte”. Reconocer sus síntomas, identificar posibles desencadenantes y contar con un tratamiento individualizado puede marcar una importante diferencia para evitar que las crisis condicionen la vida cotidiana.

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